Hepatitis B

Factsheet 37 – Revisado en enero de 2004

La hepatitis B es un virus que puede causar daño grave o incluso fatal en el hígado. En los países en desarrollo, la hepatitis B suele trasmitirse por contacto con sangre, semen, fluidos vaginales o saliva, y también de madre a hijo antes o después del nacimiento. Ocurre principalmente entre hombres gay y bisexuales, personas que comparten equipos de inyección y profesionales sanitarios. El virus es a menudo más infeccioso que el VIH.

Hay una vacuna eficaz contra la hepatitis B que se recomienda para todas las personas que pertenecen a estos grupos. La vacuna es perfectamente segura para las personas con VIH; aunque en comparación con las personas no infectadas, una mayor proporción de personas con VIH puede que no desarrollen inmunidad protectora frente a la hepatitis B después de la vacunación (especialmente si tienen recuentos bajos de CD4). Además aquellos que están suficientemente inmunizados puede que sean más propensos a perder su inmunidad con el tiempo.

El virus de la hepatitis B pertenece a un grupo de virus, entre los que se encuentran los virus de las hepatitis A y C. Es bastante común que las personas con VIH estén también infectadas con hepatitis B y/o C. La palabra médica para estos casos es coinfección. Los estudios sobre hepatitis B en hombres gay, usuarios de drogas inyectables y personas con hemofilia han mostrado que la infección por virus de la hepatitis B no empeora la progresión de la enfermedad por VIH o su gravedad.

La palabra hepatitis significa inflamación del hígado y puede estar causada por fármacos u otras enfermedades, así como por virus. Independientemente de sus causas, la hepatitis o la enfermedad hepática puede tener un impacto significativo en las opciones de tratamiento de las personas con VIH, que pueden requerir un control adicional, por ejemplo cuando se utilizan inhibidores de la proteasa.

Síntomas

Cuando alguien se infecta por primera vez con el virus de la hepatitis B, puede que desarrolle ictericia (tono amarillento en los ojos y la piel), pérdida de apetito, dolor en el abdomen, malestar, vómitos, músculos y dolor de articulaciones o fiebre. Estos síntomas pueden ser graves o incluso fatales. Sin embargo, la mayor parte de las personas no notan ningún síntoma de infección.

 

En este punto, la mayor parte de las personas desarrollarán inmunidad protectora. Sin embargo en una minoría significativa, el virus de la hepatitis B continúa reproduciéndose en el organismo después de la infección. Alrededor del 5% de las personas adultas puede convertirse en portadoras crónicas de la hepatitis B, lo que significa que son infecciosas de por vida, aunque ellas mismas no experimenten síntomas. Cerca de una cuarta parte de portadores/as crónicos/as de la hepatitis B desarrollan eventualmente inflamación crónica del hígado y tienen un riesgo mayor de enfermedad hepática (cirrosis) o cáncer de hígado. Las personas con VIH que desarrollan hepatitis B presentan un riesgo mayor de convertirse en portadoras crónicas (alrededor de un tercio).

 

El daño hepático que experimentan algunas personas con hepatitis B no está causado por el mismo virus, sino por el sistema inmune que destruye las células infectadas por hepatitis B. Dado que la respuesta inmune de las personas con VIH a menudo está dañada, las personas con VIH y hepatitis B crónica pueden tener en realidad menos posibilidades de experimentar daño hepático que las personas con sistemas inmunes que funcionan completamente.

 

Inversamente, los niveles de virus de la hepatitis B en los fluidos del cuerpo de las personas con VIH pueden ser más altos que los observados en personas no infectadas, porque hay menos virus eliminados del organismo por el sistema inmune. Así, los portadores de la hepatitis B que son VIH positivos podrían ser más infecciosos que los portadores VIH negativos. 

Diagnóstico y tratamiento

Los análisis de sangre pueden detectar la presencia de anticuerpos de hepatitis B, que muestran que has estado expuesto/a y has eliminado el virus. Si has estado expuesto/a y no has desarrollado esta inmunidad protectora, en tu sangre persistirán fragmentos del mismo virus, llamados antígeno de superficie de hepatitis B (HBsAg) durante al menos seis meses. Esto significa que eres portador/a crónico/a y que eres capaz de infectar a otras personas. Un subgrupo de portadores/as también da positivo a la prueba del antígeno ‘e’, lo que significa que su infección por hepatitis es mucho más virulenta que la de otras personas.

La hepatitis B crónica suele tratarse con inyecciones de interferón alfa de 3-5 millones de unidades tres veces por semana. Los fármacos anti-VIH 3TC, tenofovir y adefovir son también activos frente a la hepatitis B. El 3TC ha mostrado reducir los niveles de hepatitis B en personas infectadas por VIH y hepatitis B. Los indicios sugieren que otro fármaco, el FTC, puede tener un efecto antihepatitis B. Se están llevando a cabo ensayos clínicos para evaluar el uso de combinaciones de estos fármacos. Si piensas que puedes beneficiarte de estos estudios, puedes solicitarlo en el centro donde recibes el tratamiento. Sin embargo, se ha informado de casos de rebrote de hepatitis B en personas que dejan de tomar 3TC al cambiar a una nueva combinación anti-VIH. Si tienes coinfección, es importante que hables con tu médico sobre cómo podría ello afectar a tus opciones de tratamiento anti-VIH.