- Home
- News
- Treatment & Care
- HIV Worldwide
- Living with HIV
- Preventing HIV
- Organisations
- HIV Basics
- About Us
- Contenido
- El hígado
- Vacunaciones
- Hepatitis A
- Hepatitis B
- Transplantes de hígado para personas con VIH
- Hepatitis C
- Sumario
- Glosario
feedback
Give us your views on our work
Hepatitis B
La hepatitis B es una infección vírica que puede causar daño grave e incluso fatal en el hígado. El virus de la hepatitis B se llama VHB.
Este virus es más común en China, el sureste asiático y África subsahariana donde puede haberse infectado con hepatitis B entre el 10 y el 20% de la población. En Europa occidental y Estados Unidos, entre el 0,1 y el 0,2% de la población tiene hepatitis B. Sin embargo, se cree que hasta un 30% de los hombres gay y bisexuales podría haberse infectado.
La Organización Mundial de la Salud calcula que en todo el mundo se han infectado con hepatitis B 2.000 millones de personas y que más de 300 millones son portadores crónicos del virus.
Transmisión
La hepatitis B habitualmente se transmite mediante el contacto con la saliva, sangre, semen y fluidos vaginales de una persona infectada con hepatitis B.
La transmisión de madre a hijo origina la mayoría de infecciones por hepatitis B en el mundo, pero la disponibilidad de la vacunación ha erradicado prácticamente la transmisión maternofilial de la hepatitis B en los países ricos. En Europa occidental, Estados Unidos y Australia, la hepatitis B se da principalmente entre hombres gay y bisexuales, personas que comparten materiales de inyección, personas con hemofilia y trabajadores sanitarios. Se trata de un virus mucho más infeccioso que el VIH.
Síntomas de la hepatitis B
Cuando alguien se infecta con hepatitis B, puede desarrollar ictericia (color amarillento de la piel), pérdida de apetito, dolor abdominal, sensación de malestar general, náusea, vómitos, dolor muscular y de las articulaciones o fiebre. Estos síntomas pueden ser muy graves o incluso fatales, aunque es raro. La mayoría de personas que contraen hepatitis B no tiene síntomas y la infección se diagnostica en los análisis de sangre habituales.
Hay cuatro estadios en la infección con hepatitis B:
- Tolerancia inmune - el virus de la hepatitis B se replica libremente y no hay síntomas de hepatitis. Esta fase dura varias semanas cuando se trata de una persona adulta. En el caso de los niños dura décadas.
- Respuesta inmune – el sistema inmune ataca las células del hígado infectadas por hepatitis B y empieza a eliminar el virus. En los adultos puede durar tan sólo tres semanas, o persistir durante diez o más años en caso de infección crónica. En este estadio pueden darse síntomas de hepatitis.
- Completa eliminación del virus – el sistema inmune ‘ha ganado la batalla’ y se detiene la replicación activa. A este momento se le llama, a veces, ‘seroconversión’ porque el cuerpo empieza a producir anticuerpos a una proteína de la superficie del virus llamada antígeno ‘e’ de la hepatitis B.
- Inmunidad a la hepatitis B – se da una respuesta inmune completa al antígeno de la hepatitis B y el material genético de la hepatitis B (ADN) suele desaparecer.
Mediante análisis de sangre se puede detectar la presencia de antígeno de hepatitis B y de anticuerpos, lo que muestra que has estado expuesto al virus (los antígenos son proteínas o sustancias externas que entran en el organismo; y los anticuerpos son producidos por el sistema inmune en respuesta a un antígeno).
Si en tu sangre se encuentran fragmentos del mismo virus, llamado antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg), durante un periodo superior a los seis meses, significa que eres un portador crónico y capaz de infectar a otras personas. Si tienes anticuerpos pero no antígeno al cabo de seis meses, quiere decir que has eliminado la hepatitis B.
Algunas personas son también ‘positivas al antígeno e’, lo que indica un incremento de la replicación viral y un aumento del riesgo de transmisión.
Una vez has recibido el diagnóstico de hepatitis B crónica, se te aconsejará que realices controles regulares de tu hígado. Al menos cada seis o doce meses deberían realizarse análisis de sangre que incluyan pruebas de función hepática. Estas pruebas consisten en la medición de los niveles de ciertas proteínas o enzimas en tu sangre, con la finalidad de poder determinar cómo está funcionando tu hígado. Si ya tienes cirrosis, puede realizarse un escáner con ultrasonidos de tu hígado cada seis meses para advertir signos de cáncer de hígado.
Para determinar la extensión de las lesiones en el hígado, puede también realizarse una biopsia hepática que consiste en la extracción de una muestra de tejido del hígado usando una aguja hueca.
Tratamientos para la hepatitis B
El objetivo del tratamiento de la hepatitis B es reducir la inflamación del hígado, disminuir los niveles de material genético (ADN) de virus de la hepatitis B, e idealmente erradicar los antígenos y producir anticuerpos. Existen en la actualidad dos tratamientos aprobados para la hepatitis B crónica en la Unión Europea, que son eficaces en alrededor de un tercio de las personas monoinfectadas (que sólo tienen una infección) con hepatitis B: interferón alfa y lamivudina (3TC, Epivir ). Además adefovir (Preveon ) recibirá su aprobación para el tratamiento de la hepatitis B antes de la primavera de 2003.
El interferón alfa se suele dar en forma de inyección a razón de 5 millones de unidades diarias o 10 millones de unidades tres veces por semana durante al menos cuatro meses. Generalmente se consigue eliminar el virus en el 20-40% de las personas monoinfectadas. Los factores que se han asociado a una peor respuesta al interferón alfa son:
- Ser hombre.
- Larga duración de la infección.
- Coinfección con VIH.
- Niveles altos de ADN de hepatitis B así como otros factores virales o del huésped.
Los efectos secundarios más importantes asociados al interferón alfa incluyen síntomas parecidos a la gripe, molestias y dolor, depresión, supresión de la médula ósea y respuestas inmunes no deseadas.
La lamivudina inhibe tanto el VIH como el virus de la hepatitis B y está aprobada para el tratamiento de ambas infecciones víricas. La dosis de lamivudina para el tratamiento de la hepatitis B es de una pastilla de 100mg al día, mientras que para el tratamiento del VIH en combinación con otros antirretrovirales es de 150mg dos veces al día. La lamivudina no debería darse como monoterapia en personas coinfectadas con VIH y hepatitis B si el VIH está por encima de los límites de detección porque tomar una dosis pequeña puede llevar al desarrollo de resistencias a 3TC. Como tratamiento para la hepatitis B, lamivudina consigue eliminar el virus en el 20-30% de las personas al cabo de un año de tratamiento. No se ha establecido la duración óptima del tratamiento de la hepatitis B con lamivudina; los estudios realizados han tratado generalmente a las personas durante un o dos años, pero puede darse el caso de que se requiera tratamiento para toda la vida.
Hepatitis B y coinfección con VIH
Varios estudios han sugerido que la hepatitis B no acelera ni empeora la progresión de la enfermedad por VIH ni su gravedad. Sin embargo, un estudio reciente llevado a cabo en Estados Unidos que siguió a 5.000 hombres gay durante 16 años encontró que aquellos hombres con VIH que también eran portadores crónicos de hepatitis B, tenían ocho veces más posibilidades de morir de causas relacionadas con el hígado que aquéllos con VIH pero sin hepatitis B.
Como en el caso de la terapia antirretroviral, combinar dos o más fármacos para tratar la hepatitis B se considera normalmente más eficaz que el uso de un solo fármaco. Sin embargo, dos estudios con una combinación de interferón alfa más lamivudina mostraron que tomar dos fármacos no aportaba más beneficios que tomar una terapia de un solo fármaco. Los estudios sobre terapia combinada continúan con los dos tratamientos aprobados y con un amplio abanico de fármacos experimentales.
Las personas coinfectadas con VIH y hepatitis B que toman o están considerando tomar lamivudina deberían estar informadas sobre la posible reactivación de la hepatitis cuando se deja de tomar lamivudina. Un ensayo clínico encontró que alrededor de un 20% de personas coinfectadas que habían dejado el fármaco experimentaron un rebote de ADN de hepatitis B, y una minoría (2-4%) tuvieron incrementos de ALT y bilirrubina (un signo de daño en la función hepática). Las personas coinfectadas con VIH y hepatitis B deberían hablar sobre este riesgo con sus médicos antes de hacer cambios de terapia.
La hepatitis B puede desarrollar resistencia a lamivudina en aproximadamente un tercio de las personas, pero hay evidencia de que la hepatitis resistente a lamivudina permanece sensible a nuevos fármacos antivirales como adefovir, tenofovir y lobucavir.
La terapia combinada de adefovir con lamivudina está en investigación.
Tenofovir también es activo frente a la hepatitis B y algunos médicos piensan que un régimen anti-VIH que combine tenofovir y lamivudina puede ser también eficaz para la hepatitis B. En estos momentos se está reclutando a las personas que participarán en los estudios que investigarán esta estrategia. Otro posible tratamiento es la emtricitabina (FTC), que se comercializará en el Reino Unido en 2003 y se podría también usar con tenofovir.
TARGA y hepatitis B
La hepatitis B puede reactivarse como consecuencia de la recuperación inmune. El sistema inmune, al reconstruirse gracias a la actividad de los fármacos anti-VIH, genera mejores respuestas frente a agentes infecciosos como el virus de la hepatitis B. Algunas personas pueden desarrollar anticuerpos a la hepatitis B. Esta respuesta inmune mejorada puede llevar a reactivar la hepatitis. Por ello, algunos expertos creen que las personas con hepatitis B crónica que empiezan tratamiento anti-VIH (a menudo llamado terapia antirretroviral de gran actividad o TARGA) deberían empezar tratamiento para la hepatitis B al mismo tiempo, con la finalidad de reducir el riesgo de que TARGA contribuya a crear daño hepático asociado a la hepatitis B.
Hay fármacos antirretrovirales para el VIH que pueden causar elevaciones de las enzimas hepáticas, y las personas con hepatitis víricas se exponen a un riesgo mayor. Ritonavir, en particular, se asocia a efectos secundarios en el hígado. Sin embargo, otros fármacos también pueden causar problemas hepáticos, como indinavir, nevirapina, AZT, ddI, pentamidina, antibióticos (sulfamidas) y ketoconazol.
La infección de la hepatitis B por sí misma es un factor de riesgo para el desarrollo de problemas hepáticos en personas que empiezan TARGA.
A pesar del riesgo de experimentar un episodio agudo de hepatitis y/o pobres resultados de función hepática, hay indicios de que la terapia antirretroviral se puede usar eficazmente en personas con hepatitis víricas.
noticias
- Ciertas manifestaciones del estigma resultan especialmente hirientes para las personas con VIH
- La combinación de darunavir/ritonavir, etravirina y raltegravir muestra un éxito “notable” en niños con virus resistentes
- Los nuevos inhibidores de la proteasa del VHC alcanzan una tasa de ‘curación’ del 80% en pacientes con el genotipo 1
- El presidente Obama anuncia que la prohibición de viajar a EE UU por el VIH finalizará en enero de 2010
- La retención en programas de sustitución de opiáceos mejora la probabilidad de que la TARV funcione en UDI
- Diversas organizaciones exigen a Rusia que amplíe los servicios de prevención para usuarios de drogas inyectables
- Los CDC aprueban el levantamiento de la restricción de viajar a EE UU por el VIH
- Los encargados de proporcionar atención sanitaria deben responder frente al estigma relacionado con el VIH
- La mayoría de las infecciones por hepatitis C entre hombres gays en Sydney, relacionadas con el uso de drogas inyectables
- ¿Qué descenso de la carga viral es necesario para reducir a la mitad el riesgo de transmisión del VIH?